Está bien, porque uno se acostumbra a revolver en el cajón, y está bien si un día no encontrás, si a lo mejor perdés para siempre lo que habías escrito en un viaje a Catamarca.
No es la primera vez que las palabras no me pertenecen, que no vuelan hacia mi para lo que yo creo que es mi rescate, pero en el fondo no es mas que un escudo que implacablemente me desprotege.
Casi siempre pude sostenerme un rato mas hasta estar sola, mostrarme tranquila como siempre, no por la ficción o la apariencia, quizás si, un poco por el anonimato.
Hubo una época en la que me sentí muy mal, fueron dos semanas difíciles,y después todo se fue calmando de a poco. Mi casa quedaba a dos cuadras de donde yo cursaba, pero se ve que ese día no pude disimular muy bien mis ojos, porque mis compañeros se pusieron al rededor mío, algo inocentes y riéndose, sin sospechar mi consecutivo estallido en dirección a la calle... y el Negro corrió atrás mío.
Esa sensación de no aguantar mas, sea lo que sea, la alegría ,el fastidio, el llanto, el abrazo, mandar todo a la mierda, tirar cualquier cosa por la ventana, es lo que a lo mejor te termina salvando.
No es que haya algo muy importante que quiera decir ahora, pero ayer fue como andar todo el día en toboganes que subían y bajaban, que esquivaban, un poco como una borrachera, y al final me caí en la inevitable pileta, ya en otra calle, distinta, tan diferente a la de hace tres o cuatro años.
Pero nadie estaba atrás mío, y eso también es como las palabras en Catamarca, y está tan bien y  pienso que no poder disfrazarse, no tener manos ni fuerzas para hacerlo, frente a uno mismo o a los otros es lo que nos termina salvando también de las cosas aseguradas y protegidas.

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