Mamá Azu
Cuando era chica mi mamá me regaló la defensa de la escritura. Me dijo, -cuando te sientas mal, escribí- y no paré de hacerlo, hasta hace un tiempo. Hoy vuelvo, en este momento de recogimiento, de acercamiento a mi misma, a agarrar la lapicera, a estar en silencio, a animarme a estar en silencio, y afuera hay demasiado ruido. Apenas supimos esa noticia que terminaría siendo fatal, me imaginaba a Azu como la capitana de un barco. La capitana del barco estaba enferma, y qué íbamos a hacer salvo estar al pie del cañón, recibiendo sus órdenes, sin aflojar. Las historias no cuentan que a veces los capitanes son los primeros en dejar el barco. Aunque ella nunca me abandonó. Ella, Azu, la única persona que nunca me va a dejar, se fue. También me imaginaba a mi vieja como si fuera Maradona, arrinconada por dos jugadores en la esquina de la cancha sin soltar la pelota. En un momento gambeteó y pudo salir. Pero duró poco. Y es que los mejores también pierden. Un día, con los estudios en ma...