Mamá Azu

 Cuando era chica mi mamá me regaló la defensa de la escritura. Me dijo, -cuando te sientas mal, escribí- y no paré de hacerlo, hasta hace un tiempo. Hoy vuelvo, en este momento de recogimiento, de acercamiento a mi misma, a agarrar la lapicera, a estar en silencio, a animarme a estar en silencio, y afuera hay demasiado ruido.

Apenas supimos esa noticia que terminaría siendo fatal, me imaginaba a Azu como la capitana de un barco. La capitana del barco estaba enferma, y qué íbamos a hacer salvo estar al pie del cañón, recibiendo sus órdenes, sin aflojar. Las historias no cuentan que a veces los capitanes son los primeros en dejar el barco. Aunque ella nunca me abandonó. Ella, Azu, la única persona que nunca me va a dejar, se fue.
También me imaginaba a mi vieja como si fuera Maradona, arrinconada por dos jugadores en la esquina de la cancha sin soltar la pelota. En un momento gambeteó y pudo salir. Pero duró poco. Y es que los mejores también pierden.
Un día, con los estudios en mano, nos sentamos a merendar en la esquina, casi, casi derrotadas, y un hombre de la mesa de al lado le contó a sus amigos que había visto debutar a Maradona en México y describió la misma escena que yo me venía imaginando. Nos fuimos, me olvidé los estudios en el café y al otro día corrí a buscarlos. Y ahí seguían, como seguía todo adentro de mi vieja.
Sin su amor terrenal me pregunto quién me va a amar como ella y sé que nadie. Quién va a estar conmigo de cualquier manera, y sé que nadie
Yo le parecía tan hermosa, tan valiosa, tan talentosa, que a veces me costaba hacerme cargo de tanta devoción. Me pregunto si estuve a la altura de tanto amor.
Un día, después de rendir una materia la llamé por teléfono y me dijo -todos saben que sos buena, solo falta que te des cuenta vos- y esas palabras fueron como una flecha que me dió directo en el corazón.
Y tu orgullo es mi orgullo ma. Y soy lo que hiciste de mi. Entonces, yo también estoy orgullosa de ser lo que soy, de ser quien soy. Y quiero aprender a amarme como me amás vos. Quiero no dejarme nunca, así como vos nunca me vas a dejar.
Solo quiero que bajes a hablarme, que nunca dejes de mirarme. Que tu olor en tu ropa permanezca para siempre.
Ningún hombre estuvo a tu altura. Fontanarrosa dice que lo que sueña para su hijo es que sus amigos sonrían al verlo llegar. Como hija tuya quiero decir que el sueño que me diste, lo hermoso entre lo hermoso que me diste, fue llegar a casa y que mis amigos estén con vos, hablándote, contándote cosas, juntándose con vos, sin mi, mientras me esperaban llegar. Y después ellos y ellas diciéndome, -qué copada es tu mamá-
En este tiempo, por eso, cuando le contaba a mis amigos que estabas enferma, podía ver sus ojos transformarse en tristeza. Y su apoyo hacia mi se convirtió en una contención mutua. No hay mejor regalo.
Yo me acuerdo que de chiquita me enseñaste la justicia. A no decir ''la empleada'' a la señora que trabajaba en casa. Y confiaste en mi criterio. Me contaste los problemas de la gente que llegaba a mediación. Y un día en el auto de Mónica dijiste esa frase que nunca se me olvidó ''Entre la nada y la tristeza, me quedo con la tristeza''. Yo era demasiado pequeña para entenderlo y trataste de explicarmelo, aunque tuvo que pasar mucha agua abajo del puente para que yo comprendiera que la trsiteza es un acto humano de la empatía, del dolor por el dolor ajeno. Que la tristeza es estar vivos, que la nada es haberse convertido en una piedra, con todo respeto hacia las piedras.
Mamá riéndose de mi. Mamá diciéndome Ursulita. Mamá y el abuelo gastándonos en el truco. Mamá preguntándome por qué me gusta tanto el tango Afiche -porque dice 'yo te di un hogar, siempre fui pobre pero yo te di un hogar'-. Mamá animándose a ser hermosa. Mamá no parando de hablar. Mamá, la mejor contadora de anécdotas del mundo. Mamá fotogénica. Mamá viajando. Mamá puma, leona, mara patagónica. Mamá animándose a ser hermosa, porque hay que animarse a tanta belleza. Mamá fumando, Mamá medio niña. Mamá no entendiendo. Mamá diciendo - qué le hemos hecho a la vida- . Mamá orgullosa. Mamá agrandada. Mamá sarcástica. Mamá ácida y graciosísima. Mamá enojada. Mamá fumando porro. Mamá amiguera. Mamá, antes muerta que sencilla. Mamá coqueta. Mamá pintándose los labios. Mamá sacándose la pintura de los ojos. Mamá preguntándome por qué tengo los ojos brillosos. Mamá mirando películas. Mamá levantándose a cualquier hora. Mamá no parando de pensar. Mamá contando otra vez lo mismo. Te quiero escuchar para siempre. Mamá usándome la ropa. Mamá, estoy usándote la ropa. Mamá trabajando, trabajando tanto, tanto tanto trabajando. Mamá viajando. Mamá diciendo que estos hijos de puta siempre pegan donde más duele, Carlos Fuentealba, Santiago Maldonado. Mamá y yo. Mamá leyendo. Mamá leyéndonos. Mamá escuchando cómo leíamos ese libro, de los primeros de mi vida, Canciones del más acá, de Mario Benedetti. Nosotros en la cama pidiendo que nos digas ese que se llama Hombre preso que mira a su hijo. Mamá llorando siempre en la misma parte. Yo transcribiendo de ahí un poema, no sé si el mejor, ni sé por qué, pero fue el que se llama Chau número tres.
Acá me quedo ma, tratando de entender que ''la justicia'' es algo que construimos como humanos, y que la naturaleza, la vida y la muerte, tienen que ver con otras fuerzas, demasiado fuertes, demasiado misteriosas. Y acá me quedo, con vos al lado, arriba, adelante y atrás mío, derrotando imposibles, como aprendí de vos.
Mientras que vos siempre vas a estar, así como San Martín sigue cruzando la cordillera, como Maradona sigue enfrentado al rival. Como el Cid Campeador siempre nos verá pasar. Como la capitana que será la última en abandonar el barco. Como las azucenas siempre se abrirán de noche o de día. Como esa niña que nunca dejaste de ser. Como esa tremenda mujer

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