Los viajes.Lo que imaginaba.La luna animada que me mira y sé que me dice ''-Y ahora estás acá'', entonces yo siento que estoy incómoda en el lugar preciso.
Primero hay que encontrar la lámpara y ver cómo cambia.
A veces de verdad no sé si los fantasmas viven adentro o vienen de afuera, pero así estoy en general. La duda, tan agobiante, todo puede ser una cosa o su opuesto
Después de Buenos Aires, en el primer bondi hacia Córdoba pensaba, ''-Y yo qué tendré que aprender?.Empezar a soltar. Or maybe not. Abrazar, meter adentro todo lo que pasó.'' Al final, nada de eso era tan importante.Porque lo verdaderamente develador fue que en Cosquín tuve un sueño en el que había muchísima gente ocupándose, incluso con más esfuerzo que yo, de sacar de mi casa a uno de ellos, un fantasma que fue real. Y yo siempre estoy pensando en mudarme, en cambiarme de ciudad (alguien lo estará haciendo por mi, el equlibrio) y ahora tengo esta sensación del lugar tan a flor de piel. El lugar. Moverme tanto y no sentirme cerca ni lejos de nada ni nadie. Puede ser esta una respuesta.
Estos viajes fueron la soledad casi perfecta.

En el lago pensaba en las personas y me parecían tan otra vida, como si adentro no hubiera nada, o el tiempo no fuera más que ese instante y yo mi casa, por eso la lámpara es tan importante, esencial. No podía ser las dos cosas. Sentada en frente de la montaña, sabía que lo que dejé en la ciudad no me iba a tocar. No podía llevar todo a todos lados, solo estaba yo. La tranquilidad de no tener nada que perder, caminar por el bosque de noche, y que no haya nada malo que pueda pasar.

Es como que algo se cae, el mecanismo ya re viciado y desagastado de sentirme segura dentro de la inseguridad, como si un castillo fuera desenmascarado y entonces hay que encontrar un nuevo rumbo.Una voz dice , ''tampoco para tanto''. Simplemente seguir por el que venías, porque el derrumbe también es parte del camino.
A veces me parece que todo funciona como nosotros, o al revés, aunque es casi lo mismo.
Es claro, a lo mejor no es para tanto y no hay caídas y menos castillos, mucho menos hay castillos.
Mejor no olvidarse de uno actuando. Siempre hice de la transición un caos, mi forma, pararme en el borde para que la próxima ola me rompa sin lastimarme.
Después lo que viene es tan difícil como necesario. Aceptar que la lámpara y la luna existen, más allá de mi, y también es tan alivio que haya algo que permanezca, mientras todo cambia o desaparece.
construir un hogar en el mismo corazón en el que hay caballos, el alma, decir adentro.

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